Paraguas de Wittgenstein.

Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer debajo de un paraguas. Tú le dices: ¿Me permite? y ella, indecisa y sorprendida, sopesando los pros y los contras te contesta que no, que el paraguas es suyo y que te vayas. Suponte que obedeces y te alejas brincando los charcos y que al cabo de una calle, dos calles, tres calles encuentras un techito para guarecerte y que ahí, precisamente ahí, se oculta el asesino que estaba escrito habría de matarte y que te sale al paso con aquello de la bolsa o la vida, y tú respondes que la vida, porque estás empapado y sientes frío y ganas de morirte o de pedir una taza de café muy caliente, pero como en ese zaguán no hay servicio de cafetería, pues te atraviesa con tremendo cuchillo y desde el suelo miras a tu asesino perderse con tu reloj y tu cartera detrás de la cortina de lluvia de la que sale la muchacha que no te quiso asilar bajo su paraguas, y cuando ella pasa: tú mueres.

Fragmento 1, tomado del libro Dios sí juega a los dados de Óscar de la Borbolla.

Los dos reyes y los dos laberintos.

Microcuento de Jorge Luis Borges:

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos a Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

FIN

DICHA

Cuento extraído de un libro que se llama Alegría de un personaje llamado Osho.

Una tarde,  Rabiya, -una famosa mística sufí, estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba ocultando el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose y le preguntó:

-¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estas buscando?

Ella contestó:

-Se me ha perdido la aguja.

La gente le dijo:

Se está ocultando el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande, y la aguja, pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultara más fácil encontrarla.

Rabiya contestó:

-Más vale que no me pregunten eso, porque en realidad no se me ha caído en la calle, sino dentro de la casa.

La gente se hecho a reír y dijo:

-¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se te ha caído en tu casa, ¿porqué la buscas en la calle?

Rabiya replicó:

Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de ella.

La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y les dijo:

-¡Escúchenme! Eso es lo que hacen ustedes. Yo me limitaba a seguir su ejemplo. Se empeñan en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental <<¿Dónde la has perdido?>>. Y yo les digo que la han perdido dentro. La buscan fuera por la sencilla y lógica razón de que sus sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Sus ojos miran hacia fuera, sus oídos escuchan hacia fuera, sus manos se tienden hacia fuera; por eso, siempre la están buscando  fuera de ustedes. 

Alguna dedicatoria.

Me ha costado decidir, qué poner de entrada el día de hoy. Inesperadamente pasó esta dedicatoria enfrente de mis ojos, y he decidido compartirla en esta noche, espero y os agrade, sin más, unas bellas palabras de un padre a su hija:

El corazón humano esconde tesoros,en secreto guardados, en silencio sellados, pensamientos, esperanzas, sueños y placeres cuyo encanto se romperían si fuesen revelados.

… más que palabras, para esta noche.

Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.

Recordar, es volver a vivir.

Hoy me he preguntado, desde cuando el humano empezó a recordar, fue quizá después de haber sido expulsado del paraíso o tal vez siglos antes de ser un homo sapiens, en su lenta evolución.  En lo que respecta a mi, apenas si tengo vagos recuerdos de cuando contaba con tres años, lo que no puedo discernir es la cronología de ellos.  Añorar sucesos alegres o tristes, ¿es  volver a vivir?  ¿Porqué el viejo en sus últimos días de existencia se pasa tanto tiempo hablando o pensando sus recuerdos gratos y los no tanto?.