De vuelta

Recorriendo una librería en Lima, me encontré con Lady Masacre, otra novela de Mario Mendoza que ya había estado buscando. Es la tercera novela que leo de este escritor colombiano. Me dió muchísimo gusto encontrarme en estas páginas una mención al escritor mexicano Élmer, también de apellido Mendoza.

Hace algunos años, conocía e Élmer Mendoza y comencé a leer la saga del detective Edgar “El Zurdo” Mendieta. Un detective muy mexicano, que sobrevive en Sinaloa y coexiste con el cártel del Pacífico, en una relación muy peculiar de ayuda y respeto.

El año pasado, asistí a la Feria Universitaria del Libro, a la presentación de “Besar al Detective”, la novela más reciente de la saga del Zurdo Mendieta. Le platiqué a Élmer Mendoza que había leído Lady Masacre, y me contó que en una ocasión, en una calle de República Dominicana, escuchó que alguien repetía, textualmente, el inicio de su primera novela. Cuando cayó en la cuenta, se detuvo para encontrarse con que era Mario Mendoza, quien con una sonrisa, lo llamó Maestro.

Después de la presentación de esta novela, recorrí la FUL, y encontré Lady Masacre, a la mitad del precio que lo compré. Y a unos pasos de mi cubículo.

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Alguna dedicatoria.

Me ha costado decidir, qué poner de entrada el día de hoy. Inesperadamente pasó esta dedicatoria enfrente de mis ojos, y he decidido compartirla en esta noche, espero y os agrade, sin más, unas bellas palabras de un padre a su hija:

El corazón humano esconde tesoros,en secreto guardados, en silencio sellados, pensamientos, esperanzas, sueños y placeres cuyo encanto se romperían si fuesen revelados.

… más que palabras, para esta noche.

Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.

Un libro es casi un objeto

Porque si es verdad que es algo voluminoso, que se puede tocar, abrir, cerrar, colocar en un estante, mirar e incluso oler. También es verdad que un libro es más que eso, porque lleva, nada más y nada menos, la persona que es el autor. De ahí que sea necesario tener mucho cuidado con los libros, enfrentarse a ellos dispuestos a dialogar, a entender y a tratar de contarles lo que nosotros mismos somos. Los buenos libros, que es de lo que aquí se trata, están hechos con la honestidad y el trabajo del autor; luego hay que tratarlos también con honestidad y sin regatear esfuerzo.  José Saramago.

Un café.

Me pregunto por qué escribe tanto, ¿por qué escribirá? En fin, tengo entre mis manos una de tantas cartas que ha escrito, me las ha dado, pero no significa que sean para mí o ¿sí?

Hoy me vi con Lizi, en el mismo café que siempre vamos cuando algo nos sucede, ella me contó de su familia y sus peleas con sus niños, la estaba escuchando o eso creo, de repente estaba y no estaba, tomaba lo último que decía para hacer una pregunta, como si le hubiese puesto atención, cuando me dí cuenta de lo que hacía, fui sincera y le dije que no la había escuchado con detalle, ella me miró, su mirada me decía que ya lo sabía.

Mi amiga, no sé con certeza qué significa un amigo, pero para mí, ella es mi amiga. Al fin nos trajeron un capuchino y un café americano, por supuesto el capuchino era para mí.

Me miró, ha ya necesitaba una mirada tierna, una mirada que me dijera háblame, aquí estoy para escucharte, me sentí tranquila y a la vez egoísta, más, ella me entendió, bueno, no por nada seguimos siendo amigas.

Idatzi dut