DICHA

Cuento extraído de un libro que se llama Alegría de un personaje llamado Osho.

Una tarde,  Rabiya, -una famosa mística sufí, estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba ocultando el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose y le preguntó:

-¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estas buscando?

Ella contestó:

-Se me ha perdido la aguja.

La gente le dijo:

Se está ocultando el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande, y la aguja, pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultara más fácil encontrarla.

Rabiya contestó:

-Más vale que no me pregunten eso, porque en realidad no se me ha caído en la calle, sino dentro de la casa.

La gente se hecho a reír y dijo:

-¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se te ha caído en tu casa, ¿porqué la buscas en la calle?

Rabiya replicó:

Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de ella.

La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y les dijo:

-¡Escúchenme! Eso es lo que hacen ustedes. Yo me limitaba a seguir su ejemplo. Se empeñan en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental <<¿Dónde la has perdido?>>. Y yo les digo que la han perdido dentro. La buscan fuera por la sencilla y lógica razón de que sus sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Sus ojos miran hacia fuera, sus oídos escuchan hacia fuera, sus manos se tienden hacia fuera; por eso, siempre la están buscando  fuera de ustedes. 

Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.

Recordar, es volver a vivir.

Hoy me he preguntado, desde cuando el humano empezó a recordar, fue quizá después de haber sido expulsado del paraíso o tal vez siglos antes de ser un homo sapiens, en su lenta evolución.  En lo que respecta a mi, apenas si tengo vagos recuerdos de cuando contaba con tres años, lo que no puedo discernir es la cronología de ellos.  Añorar sucesos alegres o tristes, ¿es  volver a vivir?  ¿Porqué el viejo en sus últimos días de existencia se pasa tanto tiempo hablando o pensando sus recuerdos gratos y los no tanto?.

VIDA Y MUERTE

“¿Morir será volver allá, a la vida antes de la vida? ¿Será vivir esa vida prenatal en que reposo y movimiento, día y noche, tiempo y eternidad, dejan de oponerse? ¿Morir será dejar de ser y, definitivamente, estar? ¿Quizá la muerte sea la vida verdadera? ¿Quizá nacer sea morir y morir nacer? Nada sabemos.” Con este pensamiento Octavio Paz me hizo reflexionar sobre la vida y la muerte, al leer su obra El laberinto de la soledad. Con el tiempo, encontré a Rabindranath Tagore, hablar sobre el mismo tema en su libro Giitanjali, pero de una manera más madura, más espiritual, he aquí su pensamiento. “¡Muerte, último cumplimiento de la vida, Muerte mía, ven, y háblame bajo! Día tras día, he velado esperándote, y por ti he sufrido la alegría y el martirio de la vida.  Cuanto soy, tengo y espero, cuanto amo, ha corrido siempre hacia ti, en un profundo misterio.  Mírame una vez más, y mi vida será tuya para siempre.  Las flores están ya enlazadas, y lista la guirnalda para el esposo. Será la boda y dejará la novia su casa, y, sola en la noche solitaria, encontrará a su Señor.”   José Martí, expresa un  frase muy hermosa, cuando se encontraba enfermo, “la muerte para mi no es más que la cariñosa hermana de la vida.”  Con esto me parece que la vida y la muerte no son dos conceptos opuestos,sino uno solo.

La burocracia

Es sencillo saber cuándo un algoritmo es irremediablemente equívoco: cuando proclama ser la forma inequívoca de lograr algo. En particular, toda manera de sintetizar la vida humana en reglas a seguir es un acto cruel, falso y, por sobre todo, una bofetada a la libertad natural del hombre. Pues si bien puede parecer cierto que la ausencia de sentido crítico y dubitativo conduce a un estado falto de quejas y sufrimiento (en sí falto de cualquier apasionado sentimiento), también es el motivo de muchos de los sinsabores de la vida y, más aún, es el cántaro donde las tranquilas aguas de la ignorancia descansan placenteras. Sigue leyendo