Homeopatía, ¿en serio?

En esta ocasión, les comparto dos sitios en internet donde se puede encontrar información sobre la homeopatía.

Este primer sitio es una explicación rápida y concisa de lo que es la homeopatía. Este otro es una agradable historieta sobre el mismo tema.

Tengo pensado, después, escribir una entrada sobre la falacia que subyace en afirmaciones tales como “Tenía un problema de salud, acudí con médicos e intenté sus tratamientos sin ningún resultado; luego me acerqué a la homeopatía y desde entonces he mejorado considerablemente. Por lo tanto, ésta debe ser el motivo de mi cura”. Mientras tanto, la razón de compartir estos enlaces es para que estén informados sobre lo que está detrás de esta pseudomedicina.

Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.

La burocracia

Es sencillo saber cuándo un algoritmo es irremediablemente equívoco: cuando proclama ser la forma inequívoca de lograr algo. En particular, toda manera de sintetizar la vida humana en reglas a seguir es un acto cruel, falso y, por sobre todo, una bofetada a la libertad natural del hombre. Pues si bien puede parecer cierto que la ausencia de sentido crítico y dubitativo conduce a un estado falto de quejas y sufrimiento (en sí falto de cualquier apasionado sentimiento), también es el motivo de muchos de los sinsabores de la vida y, más aún, es el cántaro donde las tranquilas aguas de la ignorancia descansan placenteras. Sigue leyendo