Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, Sigue leyendo

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Ad hominem

La falacia Ad hominem es una razonamiento erróneo sobre la veracidad (o falsedad) de un argumento; con ésta se invalida o refuta lo dicho por una persona arguyendo algunas de sus cualidades (o defectos). Por ejemplo, un sujeto (generalmente ateo) puede decir <<La existencia de un ente con características de dios es demasiado poco probable, sino imposible, dadas las leyes más elementales de la física y otras ciencias básicas>> y alguien, más ofendido que instruido, puede replicar en el acto <<Lo que dices es falso, pues no conoces nada sobre el salvador>>, en este ejemplo el religioso no ataca al argumento en sí, sino a la persona que lo afirma. Ahora bien, de esta falacia no se sigue que el primer sujeto tenga razón (lo cual sería una falacia Ad logicam), como, reitero, no se sigue su negación, simplemente no se sigue nada.

Alguna vez pensando sobre esto llegue a sintetizarlo en las, talvez innecesarias pero ilustrativas, palabras siguientes: Es muy diferente decir <<eres un estúpido por afirmar eso>> a decir <<eso que afirmas es una estupidez>>. En otras palabras, la acción, no muy inteligente y fuera de lugar en el diálogo racional, de atacar a la persona contrasta con la de atacar la idea que tiene dicha persona.

Para concluir, recuerdo una frase en donde se dice <<Hablar con un necio es como arrojar una cubetada de agua al mar: no sirve de nada>>, aún así, es recomendable saber discutir y no ocupar las mismas tácticas deshonestas a las que sujetos, sin pruebas sólidas para defender su postura, recurren como última instancia.

Cuentos escritos a máquina

El cocodrilo se monta en el ascensor. Se ve obligado a inclinarse un poco para entrar porque mide dos metros de alto, más una chistera violeta. Viste un abrigo amarillo. Una señora se desmaya por el contraste de los colores.

La secretaria del gran jefe de Doble o nada es miope y se limita a decir: – Pase señor Coco, el profesor lo está esperando -. Al profesor, que no se esperaba en absoluto un cocodrilo con todos esos dientes en hilera bajo las gafas de sol, le da un violento ataque de tos. El cocodrilo, con santa paciencia, espera a que se le pase la tos; después dice:

– Conque, vamos a ver, etcétera, etcétera; tengo también una carta de recomendación de mi hermano. Tengo intención de participar en su magnífico e instructivo programa.

– Ya veo, ya. ¿Cómo está su hermano?

– Un poco apretado. Ya sabe, acostumbrado al Nilo, no se encuentra a sus anchas en el estanque del zoo.

– Y usted, discúlpleme, ¿en qué tema es experto?

– En caca de gatos.

– ¿No le parece el tema un poquito fecal?

– También felino, sin embargo.

– Claro, no se me había ocurrido.

Fragmento del primer relato dentro del libro titulado “Cuentos escritos a máquina”, escrito por Gianni Rodari. La estructura de estas palabras me recordaron una idea que leí en un libro de J. Allen Paulos, sobre la publicación de Thomas Nagel titulada The Absurd, ‘El hecho de que las cosas no importen no tiene por qué importar’.

Homeopatía, ¿en serio?

En esta ocasión, les comparto dos sitios en internet donde se puede encontrar información sobre la homeopatía.

Este primer sitio es una explicación rápida y concisa de lo que es la homeopatía. Este otro es una agradable historieta sobre el mismo tema.

Tengo pensado, después, escribir una entrada sobre la falacia que subyace en afirmaciones tales como “Tenía un problema de salud, acudí con médicos e intenté sus tratamientos sin ningún resultado; luego me acerqué a la homeopatía y desde entonces he mejorado considerablemente. Por lo tanto, ésta debe ser el motivo de mi cura”. Mientras tanto, la razón de compartir estos enlaces es para que estén informados sobre lo que está detrás de esta pseudomedicina.

Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.