DICHA

Cuento extraído de un libro que se llama Alegría de un personaje llamado Osho.

Una tarde,  Rabiya, -una famosa mística sufí, estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba ocultando el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose y le preguntó:

-¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estas buscando?

Ella contestó:

-Se me ha perdido la aguja.

La gente le dijo:

Se está ocultando el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande, y la aguja, pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultara más fácil encontrarla.

Rabiya contestó:

-Más vale que no me pregunten eso, porque en realidad no se me ha caído en la calle, sino dentro de la casa.

La gente se hecho a reír y dijo:

-¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se te ha caído en tu casa, ¿porqué la buscas en la calle?

Rabiya replicó:

Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de ella.

La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y les dijo:

-¡Escúchenme! Eso es lo que hacen ustedes. Yo me limitaba a seguir su ejemplo. Se empeñan en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental <<¿Dónde la has perdido?>>. Y yo les digo que la han perdido dentro. La buscan fuera por la sencilla y lógica razón de que sus sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Sus ojos miran hacia fuera, sus oídos escuchan hacia fuera, sus manos se tienden hacia fuera; por eso, siempre la están buscando  fuera de ustedes. 

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Recordar, es volver a vivir.

Hoy me he preguntado, desde cuando el humano empezó a recordar, fue quizá después de haber sido expulsado del paraíso o tal vez siglos antes de ser un homo sapiens, en su lenta evolución.  En lo que respecta a mi, apenas si tengo vagos recuerdos de cuando contaba con tres años, lo que no puedo discernir es la cronología de ellos.  Añorar sucesos alegres o tristes, ¿es  volver a vivir?  ¿Porqué el viejo en sus últimos días de existencia se pasa tanto tiempo hablando o pensando sus recuerdos gratos y los no tanto?.

VIDA Y MUERTE

“¿Morir será volver allá, a la vida antes de la vida? ¿Será vivir esa vida prenatal en que reposo y movimiento, día y noche, tiempo y eternidad, dejan de oponerse? ¿Morir será dejar de ser y, definitivamente, estar? ¿Quizá la muerte sea la vida verdadera? ¿Quizá nacer sea morir y morir nacer? Nada sabemos.” Con este pensamiento Octavio Paz me hizo reflexionar sobre la vida y la muerte, al leer su obra El laberinto de la soledad. Con el tiempo, encontré a Rabindranath Tagore, hablar sobre el mismo tema en su libro Giitanjali, pero de una manera más madura, más espiritual, he aquí su pensamiento. “¡Muerte, último cumplimiento de la vida, Muerte mía, ven, y háblame bajo! Día tras día, he velado esperándote, y por ti he sufrido la alegría y el martirio de la vida.  Cuanto soy, tengo y espero, cuanto amo, ha corrido siempre hacia ti, en un profundo misterio.  Mírame una vez más, y mi vida será tuya para siempre.  Las flores están ya enlazadas, y lista la guirnalda para el esposo. Será la boda y dejará la novia su casa, y, sola en la noche solitaria, encontrará a su Señor.”   José Martí, expresa un  frase muy hermosa, cuando se encontraba enfermo, “la muerte para mi no es más que la cariñosa hermana de la vida.”  Con esto me parece que la vida y la muerte no son dos conceptos opuestos,sino uno solo.

Un libro es casi un objeto

Porque si es verdad que es algo voluminoso, que se puede tocar, abrir, cerrar, colocar en un estante, mirar e incluso oler. También es verdad que un libro es más que eso, porque lleva, nada más y nada menos, la persona que es el autor. De ahí que sea necesario tener mucho cuidado con los libros, enfrentarse a ellos dispuestos a dialogar, a entender y a tratar de contarles lo que nosotros mismos somos. Los buenos libros, que es de lo que aquí se trata, están hechos con la honestidad y el trabajo del autor; luego hay que tratarlos también con honestidad y sin regatear esfuerzo.  José Saramago.