Paraguas de Wittgenstein, continuación.

Continuacón con el cuento tomado del libro Dios sí juega a los dados de Óscar de la Borbolla.

Suponte que el cielo existe y que te ocurrió morir a las seis de la tarde o, mejor, que tu asesino te haya matado a esa hora, o si lo prefieres, que el tiempo que todo lo coordina haya sincronizado con gran precisión los relojes para que murieras en tu país a las seis de la tarde sin que tú ni tu asesino anduvieran preocupados por la puntualidad. Si el cielo existe, a las seis y cuarto llegarías a sus puertas remolcado por la columna de humo de alguna chimenea próxima al sitio donde habría quedado tu cuerpo. Las puertas están abiertas de par en par, entras, caminas, buscas por uno y otro lado, pero no hay nada, no encuentras a nadie: El cielo es un hangar infinito, piensas y te pasa por la conciencia la imagen de la mujer que en mirad de la lluvia te negó la sombra seca de su paraguas.

Suponte que además de cielo, haya Dios: tu ascenso y llegada son los mismos, sólo que ahora encuentras un mostrador y, detrás del mostrador, un mayordomo de levita verde que te hace señas con su linterna de bencina para que te acerques. Das unos pasos y en el acto descubres en el verde chillón de la levita que el cielo no es lugar para ti, que a ti te corresponden otros pasatiempos: descifrar de por muerte las razones por las que esa mujer se negó a compartir contigo su paraguas, y otros asuntos por el estilo.

Paraguas de Wittgenstein.

Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer debajo de un paraguas. Tú le dices: ¿Me permite? y ella, indecisa y sorprendida, sopesando los pros y los contras te contesta que no, que el paraguas es suyo y que te vayas. Suponte que obedeces y te alejas brincando los charcos y que al cabo de una calle, dos calles, tres calles encuentras un techito para guarecerte y que ahí, precisamente ahí, se oculta el asesino que estaba escrito habría de matarte y que te sale al paso con aquello de la bolsa o la vida, y tú respondes que la vida, porque estás empapado y sientes frío y ganas de morirte o de pedir una taza de café muy caliente, pero como en ese zaguán no hay servicio de cafetería, pues te atraviesa con tremendo cuchillo y desde el suelo miras a tu asesino perderse con tu reloj y tu cartera detrás de la cortina de lluvia de la que sale la muchacha que no te quiso asilar bajo su paraguas, y cuando ella pasa: tú mueres.

Fragmento 1, tomado del libro Dios sí juega a los dados de Óscar de la Borbolla.

Los dos reyes y los dos laberintos.

Microcuento de Jorge Luis Borges:

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos a Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

FIN

Alguna dedicatoria.

Me ha costado decidir, qué poner de entrada el día de hoy. Inesperadamente pasó esta dedicatoria enfrente de mis ojos, y he decidido compartirla en esta noche, espero y os agrade, sin más, unas bellas palabras de un padre a su hija:

El corazón humano esconde tesoros,en secreto guardados, en silencio sellados, pensamientos, esperanzas, sueños y placeres cuyo encanto se romperían si fuesen revelados.

… más que palabras, para esta noche.

Un café.

Me pregunto por qué escribe tanto, ¿por qué escribirá? En fin, tengo entre mis manos una de tantas cartas que ha escrito, me las ha dado, pero no significa que sean para mí o ¿sí?

Hoy me vi con Lizi, en el mismo café que siempre vamos cuando algo nos sucede, ella me contó de su familia y sus peleas con sus niños, la estaba escuchando o eso creo, de repente estaba y no estaba, tomaba lo último que decía para hacer una pregunta, como si le hubiese puesto atención, cuando me dí cuenta de lo que hacía, fui sincera y le dije que no la había escuchado con detalle, ella me miró, su mirada me decía que ya lo sabía.

Mi amiga, no sé con certeza qué significa un amigo, pero para mí, ella es mi amiga. Al fin nos trajeron un capuchino y un café americano, por supuesto el capuchino era para mí.

Me miró, ha ya necesitaba una mirada tierna, una mirada que me dijera háblame, aquí estoy para escucharte, me sentí tranquila y a la vez egoísta, más, ella me entendió, bueno, no por nada seguimos siendo amigas.

Idatzi dut

¿Queréis vivir…?

¿Queréis vivir <<según la naturaleza>>? ¡Ho nobles estoicos, qué embuste de palabras! Imaginaos un ser como la naturaleza, que es derrochadora sin medida, indiferente sin medida, que carece de intenciones y miramientos, de piedad y justicia, que es feraz y estéril e incierta al mismo tiempo, imaginaos la indiferencia misma como poder, ¿cómo podríais vivir vosotros según esa indiferencia?

Apenas es un fragmento de una de las obras de F. Nietzsche, titulado Más allá del bien y del mal.

¿Qué es lo que nos hace pensar que este es nuestro mundo? ¿Qué es vivir?