Preguntas, incompletitud y ateísmo

For millions of years mankind lived just like the animals, then something happened which unleashed the power of our imagination, we learned to talk.

Con estas palabras de S. Hawking comienza una de las canciones dentro del álbum The Division Bell de Pink Foyd. Es innegable el hecho de que el habla es un aspecto maravilloso de la evolución humana, éste ha dado comienzo a diversas características de nuestra especie como la cultura, el arte y el conocimiento. Dentro de todas sus implicaciones, una me parece particularmente admirable, y es el poder para formular preguntas.

Imagino a nuestros antepasados más arcaicos, lo suficientemente conscientes para tener conceptos básicos para el Sol, el calor y la luz. La capacidad de hablar les permite, en algún sentido, expresar un equivalente a la oración <<El Sol produce calor y luz>>, lo cual es en sí muy interesante (hasta donde sé, somos la única especie que puede formular y comunicar esta idea), empero, me fascina más el imaginar el planteamiento primitivo de la pregunta involucrada: <<¿Por qué el Sol produce luz y calor?>>. Como la historia cuenta, las respuestas han dependido fuertemente del tiempo, lugar, creencias y demás factores, variando desde el brillante carruaje de Apolo hasta los procesos nucleares que ocurren en su interior. Aún así, sin la capacidad de pregunta, la especie humana sólo sería capaz de formular proposiciones triviales sin temor a errar, pues al parecer todo el conocimiento profundo parte de la duda.

Ahora, para los fines de esta publicación, distinguiremos dos tipos de preguntas: las preguntas propiamente dichas y las preguntas mal planteadas. Dada la propia informalidad de nuestro lenguaje natural, estas definiciones no pueden ser rigurosas, pero intentaré aclarar a qué me refiero con cada una de ellas. Una pregunta bien planteada (o simplemente pregunta) es una pregunta gramatical, es decir, está bien escrita dentro de las reglas del lenguaje, cuya respuesta existe y, salvo tiempo y otras limitantes, puede ser encontrada. Así <<¿El Sol gira alrededor de la Tierra?>>, <<¿Hay agua en Marte?>> y <<¿Existe una fórmula general para resolver ecuaciones de quinto grado?>> son preguntas bien planteadas. En contraparte, las preguntas mal planteadas son aquellas que, aún cumpliendo las reglas gramaticales, no tienen ningún sentido real, esto es, no se les puede dar respuesta, no porque no seamos demasiado estúpidos para encontrarla, sino simplemente porque la pregunta es tan vaga que no admite ninguna. Por ejemplo, la pregunta <<¿A qué suena la libertad?>> está gramaticalmente bien hecha pero, aunque se le puede dar significado dentro del mundo del arte y lo poético (yo personalmente diría que suena a la parte coral de la novena de Beethoven, al pasaje más enérgico de la obertura solemne 1812 o al inicio del poema Así habló Zarathustra de Strauss), no tiene ningún sentido en el mundo real. En efecto, para que algo produzca sonido, dada su definición, se necesita un cuerpo (material) que vibre, y la libertad es una idea (inmaterial) que se tiene sobre un valor y derecho de los hombres; en suma, la pregunta no tiene respuesta. Hay también las llamadas paradojas (el sujeto A le dice al B <<yo miento>> y este último le pregunta <<¿eso es cierto?>>, parece bien planteada pero ninguna opción la responde realmente), uno puede simplemente excluirlas desde el principio para no tener problema con ellas.

Saber si una pregunta gramatical está mal planteada puede variar en complicación, especialmente cuando los términos que la componen son ambiguos y poco formales. Un ejemplo que me gusta sacar en estas discusiones es el ofrecido por los nada cautos creyentes cuando, al sentir un ataque a su creencia fundamental de que un ser superior creó el universo, responden ofendidos: <<Entonces, si el universo no fue creado por [nombre de la entidad fantástica], ¿quién lo hizo?>>. Hace años, cuando trataba de razonar con este tipo de personas enajenadas y recurrían a este artilugio, me quedaba en silencio porque aún no me daba cuenta de que no era una pregunta legítima, puesto que al analizarla, uno observa que la pregunta en sí presupone que el universo fue creado, sin embargo, ¿estamos seguros de ello? No.

Primera morelaje del escrito: tener cuidado con las preguntas mal planteadas o, dicho de una manera más conmovedora, pensar en la pregunta misma antes de buscar una respuesta. Paso ahora al segundo tema que quiero tratar, la incompletitud.

Para los que disfruten del rigor matemático, tal vez esta palabra induzca el nombre de Gödel dentro de su actividad neuronal, pues uno piensa en los célebres teoremas de incompletitud de este matemático. Para quien sea ajeno a este nombre, pero sea curioso, además de sentir un sentimiento especial por la música de Bach y las pinturas de Escher, le recomiendo con vehemencia el opus magnum del autor Douglas Hofstadter. Y para quien no sea curioso, no aprecie la música ni el arte en general o se sienta ofendido por todo lo anterior dicho, bueno, creo que esa persona no habrá llegado hasta este punto de la lectura.

A fin de que se entienda el concepto, en matemáticas se dice que una teoría es incompleta cuando dicha teoría no puede responder a una pregunta bien planteada dentro de su propio lenguaje. Como ejemplo ilustrativo, resulta que en una la teoría de la matemática se demuestra que existen muchos infinitos, el más intuitivo de todos es el de los números naturales: 1, 2, 3, 4, …, 2016, 2017, 2018, …, 6227020799, 6227020800, 6227020801, …, etc. ¿Dónde nos detenemos? No se puede, cualquier número que pensemos siempre es menor que su sucesor, este es el infinito de los naturales llamado Aleph Cero. Hay otro infinito (diferente y más grande, mostrado así por G. Cantor) que es menos intuitivo, cuya forma visual es demasiado simplista: la recta real o recta continua; para no apartarnos del camino piense en los números enteros, más los racionales (fraccionarios), más los demás (raíz cuadrada de dos, el famoso pi, etc.). A este otro infinito se llama el continuo. Pues dentro de esta teoría se puede formular la pregunta <<¿Existe un infinito más grande que Aleph Cero pero más pequeño que el continuo?>>. Pues bien, resulta que esta pregunta no se puede responder, no es que aún no haya nacido el siguiente prodigio matemático cuya llegada anunciada espera con ansia la comunidad y la estrella de Belén, simplemente no se puede, ni se podrá, dar como respuesta un  ni tampoco un no.

Uno puede dudar entonces, ¿Podrá ocurrir eso en nuestro lenguaje común? La respuesta es: como nuestro lenguaje no es formal, no se puede trasladar la definición de incompletitud; en otras palabras, es una pregunta mal planteada. Sin embargo se puede modificar la pregunta, y no se pierde nada si refinamos nuestra definición de pregunta: una oración en forma de pregunta gramatical es o bien una pregunta mal planteada (su formulación es correcta, pero carece de sentido real), o bien una pregunta bien planteada (pregunta con sentido real); en este último caso hay una división, las preguntas con respuesta (la cual existe, aunque no sea conocida aún) y las preguntas sin respuesta (las que harían “incompleto” al lenguaje). Antes de seguir quiero mencionar algo; algunas agrupaciones afirman tener la respuesta a toda pregunta (bien o mal planteada, no les importa), la creencia en un ser divino, por ejemplo, responde siempre con un <<dios lo hizo>> o sus derivados (<<dios lo quiere>>, <<dios lo manda>> y absurdos por el estilo). En matemáticas, una teoría que lo sabe todo es una teoría trivial, contradictoria, sin ninguna utilidad práctica ni apreciación teórica.

Hay preguntas con respuesta que parecen no tenerla, años atrás nadie podía asegurar la respuesta para <<¿El Sol gira alrededor de la Tierra?>>, pues si bien parece que así ocurre, lo cierto es que ningún argumento fue concluyente hasta la llegada de personajes como Copérnico, Kepler y Galileo. Así llegamos a la segunda moraleja: Aunque no se haya encontrado respuesta a una pregunta, no significa que no la tenga, tal vez solo haga falta tiempo, tecnología y conocimientos previos para encontrarla.

Esto me lleva al último punto del escrito, el ateísmo.

G. Carlin daba una de mis respuestas favoritas a la pregunta <<Usted, ¿de qué religión es?>>, él decía <<católico, hasta que tuve la edad de razonar>>. Pues bien, cuando yo tuve la edad de razonar y me di cuenta de que una religión no sólo es innecesaria, sino más bien dañina, me topé con el concepto de agnosticismo, el cual, debo decirlo, me sedujo rápidamente pues en ese momento pensé: pues claro, afirmar que existe un ente mágico es tan atrevido como afirmar que no. Puesto que ninguna prueba es concluyente a la hora de querer probar su existencia, además de que desear demostrar su inexistencia tiene sus propios problemas. Así anduve un rato hasta que un libro de R. Dawkins movió un poco esos cimientos y tiene que ver con lo dicho sobre las preguntas.

La pregunta <<¿Existe un dios?>> depende totalmente de la definición dada a la palabra dios, así en principio no sabemos si está bien planteada. Por ejemplo, si la definición incluye la idea de omnipotente la respuesta llega bastante rápido (si lo puede todo, entonces ¿podrá calentar tanto un taco que ni él mismo pueda comerlo?). El punto es que, dando ventaja al enemigo al dejar que modifique la definición para evitar golpes tan duros como éste, la pregunta se vuelve tan ambigua que se vuelve un trabajo duro el dar un no como respuesta, aunque la opción del  es tan científicamente descabellada y absurda como cualquier otra idea retorcidamente fantástica que se le pueda ocurrir a la inocente mente humana.

En fin, lo que quiero decir es que aunque el agnosticismo sea teóricamente llamativo, perfecto y elegante, la realidad es que es una posición bastante cómoda y poco racional. Pues, aunque sea verdad que la pregunta <<¿Existe un dios?>> sea lo suficientemente rebuscada para parecer sin respuesta, una mente sana y un espíritu apasionado no puede simplemente subir los hombros y decir <<prefiero no tener problemas y pensar que es una pregunta sin respuesta>> puesto que, si bien es una pregunta truculenta, no es mentira que las creencias irracionales, el oscurantismo y la charlatanería son bastante dañinas para el hombre, además de que las probabilidades científicas apuntan claramente a la inexistencia de un ser con esas divinas cualidades. Me parece que un ateo informado puede combatir contra la maldita irracionalidad que azota a nuestra especie, y eso es mucho más útil que un apartado agnóstico que prefiere quedarse callado.

Última moraleja: el agnosticismo es una posición que parece correcta, sin embargo la realidad es otra, el pensamiento irracional gana terreno y me parece que es un deber para con la humanidad misma que el ateo, el escéptico, el científico trate de revertir esta penosa situación.


P.S. No puedo dejar de sentirme inspirado al escribir estas palabras, volví a recordar la solemne obertura de Tchaikovsky, así que aquí les comparto la que para mí es una agradable versión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s