“El drama de internet es que ha prometido al tonto del pueblo como el portador de la verdad“.

-Umberto Eco.

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Transgresión del querer

Es muy común encontrarse con la palabra quiero. Desde su aparición en un mensaje de texto hasta el “mamá, lo quiero” desesperado de un infante frente a un juguete, es una expresión muy utilizada. Personalmente, creo que el concepto de esta hermosa palabra ha (como muchos otros) desembocado en el vago y fútil uso sin ningún tipo de reflexión o admiración.

Cuando se habla sobre el tema me gusta contar la siguiente historia: Un niño se encontraba caminando por una pradera, de repente sus infatiles y fantásticos pensamientos se ven interrumpidos por una, radiante y de inexplicable belleza ante sus ojos, hermosa flor. – Es la más bonita que he visto, la quiero – dice eufórico, y de un tajo la arranca para llevarla consigo a su hogar; estando allí la coloca en un recipiente con siempre demasiada agua y, al cabo de unos días, ya no le parece tan gloriosa. Otro niño vivió una experiencia similar, pero en cambio, este último decidió que sería mejor dejarla allí, no privarla de la vida y, de ser posible, ayudarle a su desarrollo. Así, el primero asocia la palabra ‘querer’ con ‘tener’ y el segundo comprende que se puede amar sin necesidad de interferir en su libre ser.

Algo así ocurre con las personas. Los padres quieren a sus hijos y por eso no los dejan ser libres, creen que ellos tienen la verdad de la vida y que si uno se aleja estará perdido. Las parejas se quieren mutuamente y por ello buscan estar día y noche juntos, sin notar que casi siempre eso va en contra de su naturaleza. Los profesores quieren tanto a sus alumnos que no pueden aceptar que éstos últimos tengan ideas propias, pues creen que no saben nada de la realidad. Algunos individuos que se dicen amantes de la naturaleza tienen sus casas llenas de animales y plantas; empero, aún con el debido cuidado, una jaula y una maceta no pueden compararse con la pradera. En fin, actualmente son pocas las personas que actúan como el segundo infante, amando al observar, queriendo dejando ser.