De vuelta

Recorriendo una librería en Lima, me encontré con Lady Masacre, otra novela de Mario Mendoza que ya había estado buscando. Es la tercera novela que leo de este escritor colombiano. Me dió muchísimo gusto encontrarme en estas páginas una mención al escritor mexicano Élmer, también de apellido Mendoza.

Hace algunos años, conocía e Élmer Mendoza y comencé a leer la saga del detective Edgar “El Zurdo” Mendieta. Un detective muy mexicano, que sobrevive en Sinaloa y coexiste con el cártel del Pacífico, en una relación muy peculiar de ayuda y respeto.

El año pasado, asistí a la Feria Universitaria del Libro, a la presentación de “Besar al Detective”, la novela más reciente de la saga del Zurdo Mendieta. Le platiqué a Élmer Mendoza que había leído Lady Masacre, y me contó que en una ocasión, en una calle de República Dominicana, escuchó que alguien repetía, textualmente, el inicio de su primera novela. Cuando cayó en la cuenta, se detuvo para encontrarse con que era Mario Mendoza, quien con una sonrisa, lo llamó Maestro.

Después de la presentación de esta novela, recorrí la FUL, y encontré Lady Masacre, a la mitad del precio que lo compré. Y a unos pasos de mi cubículo.

Ad hominem

La falacia Ad hominem es una razonamiento erróneo sobre la veracidad (o falsedad) de un argumento; con ésta se invalida o refuta lo dicho por una persona arguyendo algunas de sus cualidades (o defectos). Por ejemplo, un sujeto (generalmente ateo) puede decir <<La existencia de un ente con características de dios es demasiado poco probable, sino imposible, dadas las leyes más elementales de la física y otras ciencias básicas>> y alguien, más ofendido que instruido, puede replicar en el acto <<Lo que dices es falso, pues no conoces nada sobre el salvador>>, en este ejemplo el religioso no ataca al argumento en sí, sino a la persona que lo afirma. Ahora bien, de esta falacia no se sigue que el primer sujeto tenga razón (lo cual sería una falacia Ad logicam), como, reitero, no se sigue su negación, simplemente no se sigue nada.

Alguna vez pensando sobre esto llegue a sintetizarlo en las, talvez innecesarias pero ilustrativas, palabras siguientes: Es muy diferente decir <<eres un estúpido por afirmar eso>> a decir <<eso que afirmas es una estupidez>>. En otras palabras, la acción, no muy inteligente y fuera de lugar en el diálogo racional, de atacar a la persona contrasta con la de atacar la idea que tiene dicha persona.

Para concluir, recuerdo una frase en donde se dice <<Hablar con un necio es como arrojar una cubetada de agua al mar: no sirve de nada>>, aún así, es recomendable saber discutir y no ocupar las mismas tácticas deshonestas a las que sujetos, sin pruebas sólidas para defender su postura, recurren como última instancia.

Cuentos escritos a máquina

El cocodrilo se monta en el ascensor. Se ve obligado a inclinarse un poco para entrar porque mide dos metros de alto, más una chistera violeta. Viste un abrigo amarillo. Una señora se desmaya por el contraste de los colores.

La secretaria del gran jefe de Doble o nada es miope y se limita a decir: – Pase señor Coco, el profesor lo está esperando -. Al profesor, que no se esperaba en absoluto un cocodrilo con todos esos dientes en hilera bajo las gafas de sol, le da un violento ataque de tos. El cocodrilo, con santa paciencia, espera a que se le pase la tos; después dice:

– Conque, vamos a ver, etcétera, etcétera; tengo también una carta de recomendación de mi hermano. Tengo intención de participar en su magnífico e instructivo programa.

– Ya veo, ya. ¿Cómo está su hermano?

– Un poco apretado. Ya sabe, acostumbrado al Nilo, no se encuentra a sus anchas en el estanque del zoo.

– Y usted, discúlpleme, ¿en qué tema es experto?

– En caca de gatos.

– ¿No le parece el tema un poquito fecal?

– También felino, sin embargo.

– Claro, no se me había ocurrido.

Fragmento del primer relato dentro del libro titulado “Cuentos escritos a máquina”, escrito por Gianni Rodari. La estructura de estas palabras me recordaron una idea que leí en un libro de J. Allen Paulos, sobre la publicación de Thomas Nagel titulada The Absurd, ‘El hecho de que las cosas no importen no tiene por qué importar’.

Homeopatía, ¿en serio?

En esta ocasión, les comparto dos sitios en internet donde se puede encontrar información sobre la homeopatía.

Este primer sitio es una explicación rápida y concisa de lo que es la homeopatía. Este otro es una agradable historieta sobre el mismo tema.

Tengo pensado, después, escribir una entrada sobre la falacia que subyace en afirmaciones tales como “Tenía un problema de salud, acudí con médicos e intenté sus tratamientos sin ningún resultado; luego me acerqué a la homeopatía y desde entonces he mejorado considerablemente. Por lo tanto, ésta debe ser el motivo de mi cura”. Mientras tanto, la razón de compartir estos enlaces es para que estén informados sobre lo que está detrás de esta pseudomedicina.

Paraguas de Wittgenstein, continuación.

Continuacón con el cuento tomado del libro Dios sí juega a los dados de Óscar de la Borbolla.

Suponte que el cielo existe y que te ocurrió morir a las seis de la tarde o, mejor, que tu asesino te haya matado a esa hora, o si lo prefieres, que el tiempo que todo lo coordina haya sincronizado con gran precisión los relojes para que murieras en tu país a las seis de la tarde sin que tú ni tu asesino anduvieran preocupados por la puntualidad. Si el cielo existe, a las seis y cuarto llegarías a sus puertas remolcado por la columna de humo de alguna chimenea próxima al sitio donde habría quedado tu cuerpo. Las puertas están abiertas de par en par, entras, caminas, buscas por uno y otro lado, pero no hay nada, no encuentras a nadie: El cielo es un hangar infinito, piensas y te pasa por la conciencia la imagen de la mujer que en mirad de la lluvia te negó la sombra seca de su paraguas.

Suponte que además de cielo, haya Dios: tu ascenso y llegada son los mismos, sólo que ahora encuentras un mostrador y, detrás del mostrador, un mayordomo de levita verde que te hace señas con su linterna de bencina para que te acerques. Das unos pasos y en el acto descubres en el verde chillón de la levita que el cielo no es lugar para ti, que a ti te corresponden otros pasatiempos: descifrar de por muerte las razones por las que esa mujer se negó a compartir contigo su paraguas, y otros asuntos por el estilo.